viernes, 31 de enero de 2014

De cuando se me acabo el mundo.

¿Cómo fue?
-No lo sé, estuve ausente cuando ocurrió.
Los sentimientos se agolparon de pronto y sentí mi boca abierta, sin embargo ningún sonido me fue audible, luego pensé que así fue mejor. Y entonces, aun consciente de mi dolor, cerré los ojos y fue ahí cuando comenzó mi ausencia.
Sentí extrañamente el calor del sol en mi cara a pesar de que era noche, sentí también el frío del hielo en mi espalda, sensaciones que me reconfortaron por que significaba que aun vivía o al menos que no estaba del todo muerta.
Pero a pesar de ese hilo de esperanza, sentí que seguí cayendo en ese abismo negro en espiral, y yo ya no estaba tan segura de querer o poder detenerme, definitivamente era mas sencillo abandonarme a ello.
Después de un rato las sensaciones físicas me abandonaron, solo percibí calidez, paz y tranquilidad. Entonces lo supe, ahí estaban todos mis anhelos, mi búsqueda había terminado, era justo el nivel de paz y silencio que necesitaba. Si ud. quiere que le describa la sensación entonces le tendría que decir que es imposible, a menos que recuerde lo que fue estar en el vientre materno. Ese era mi lugar y ahí anhelaba permanecer, no exagero si agrego que eternamente.
¿Cuánto duró?
-No lo sé, pero se lo aseguro, no lo suficiente.
Muy pronto un estruendo en todo mi ser hizo que saliera abruptamente del abismo y todos los sonidos del mundo entero llegaron de golpe a mis oídos
-NO! cállense!!   -quería gritar, pero ya no me pertenecían los labios para articular palabras, estas se quedaban atrapadas en mi mente.
Nuevamente comencé mi descenso al abismo, y yo estaba conforme con eso, de hecho lo preferí.
Cuando entonces de nueva cuenta sentí el exabrupto de movimientos a mi alrededor, sonidos aberrantes y luces distorsionadas, gritos, eso distinguí, sobre todo gritos.
Entonces aferrada a la tranquilidad que sabia existía en el fondo del pozo me dispuse de nueva cuenta a sumergirme.....
Pero como en un bungee de sensaciones retorné al caos, a esa situación a la que parecía ajena. Y fue justo en ese momento cuando un dolor ciego me taladro el pecho, y comprendí que los gritos salían de mi, que era yo quien producía tan aberrante sonido.
Recuerdo haber tenido la certeza de saber que eso era el infierno, no lo pensé, por que no había palabras en mi mente, solo dolor.